El vídeo-juego de Beatmania lleva ya mucho tiempo en Japón, pero se puede considerar bastante nuevo en los demás países.
Yo solo lo he visto una sola vez, en un centro comercial de Córdoba, pero me pareció tan difícil que no jugué. Consiste en que caen unas fichas y no pueden tocar el suelo porque se pierden vidas, para evitar esto se deben destruir con un rayo laser que se dispara cuando pulsamos un boton. Hay varios botones y lo más complicado es que las fichas caen al son de una música que anteriormente eliges (en este caso la archiconocida B4u o también llamada Blue for you).
Lo entenderéis mejor cuando veáis el vídeo. El super-friki que vamos a ver jugando, lo hace solo con una mano. Por lo tanto fijaos en la destreza y la rapidez visual que debe tener.
Si tenemos la oportunidad de ver un arco iris junto con otra persona y empezamos a decir los colores que somos capaces de ver, veréis como es muy complicado coincidir, pero ¿Por qué?.
Los tradicionales siete colores del arco iris no son siete, sino los que decida el espectador: quien no esté acostumbrado a distinguir los diferentes tipos de amarillo o azul verá una gama inferior, pero otra persona acostumbrada a distinguir entre varias tonalidades muy próximas las encontrará en el arco iris de la misma manera que un oído educado puede distinguir mejor los diferentes instrumentos de una orquesta no porque reciba más información de las ondas sonoras, sino porque sabe interpretarlas.
Un año de vida de un perro no equivale a siete años en la vida de una persona como mucha gente cree. Las proporciones del ciclo de vida canino son completamente diferentes a las del ciclo humano:
Los primeros tres meses equivalen a cinco años de un ser humano; a los seis meses alcanza un nivel equivalente al que alcanza el humano con diez o doce años; cuando cumple un año está en la fase de la adolescencia de los humanos, unos 16 años; con dos años el perro es un joven adulto como lo es el humano de 24 o 25 años, y desde el momento en que cumple seis años ya sí que se puede simplemente multiplicar por seis o siete su edad para equipararla a la humana.
A estas alturas, ¿quien no conoce el Tetris? Muchos de nosotros hemos pasado grandes horas jugando a ese juego en el que había que encajar todos los bloques que caían.
Seguro que más de uno hemos pensado que eramos realmente buenos jugando porque llegábamos a altos niveles, pero os aseguro que no es cierto. Para demostrarlo os traigo este vídeo, que ha sido grabado en una sala de vídeo-juegos de Tokio donde un individuo nos deja a ras de suelo a todos los que alguna vez hemos dedicado horas a este juego tan adictivo.
Fijaos en la velocidad con la que cae el bloque en la pantalla y fijaos en las manos del jugador.
El grito de Tarzán no era fruto de ninguna voz prodigiosa, ni de la de su principal usuario, Johnny Weissmuller (1.904-1.984), ni la de nadie, sino una combinación de varios sonidos que incluían la propia voz del actor, una nota alta cantada por una soprano y el aullido de una hiena reproducidos en una cinta corriendo en dirección inversa.